Siguiendo pautas, marcando senderos, esperando el final, donde la luz se junta con nuestra esperanza. En qué momento nuestro camino se hace tan largo que olvidamos porque estamos en él? Es la desilusión? Es el cansancio? Es el desamor? Tenemos miedo a dejar de amar, porque nos hace vulnerables. Mientras nos decimos “estoy aquí por él/ella”, es como un lema que nos auto imponemos como excusa para seguir nadando a contra corriente. Cuando parar? Cuando la vida nos lleva tan adentro que no podemos echar la vista atrás para no derrumbarnos. Vivimos en la mentira que necesitamos creer, y que que se convierte en tal realidad que llegamos a verla como quien ve una estatua, impasible, invariable. El ser humano es perfecto físicamente, parece que nos hayan hecho para sufrir, en ese sufrimiento encontramos el motivo para seguir un día más.
Pero a pesar de todo, al final del día, en el silencio aplastante, nos volvemos a decir una vez más “vale la pena”. Tres palabras para cerrar la puerta a la inquietudes.
Sencilla la mente, complicado el corazón. Aquí tenemos el equilibrio.
Creedme, vale la pena.








